Estimado señor Mas, don Arturo:
Vaya por delante que mis palabras no
pretenden representar a nadie que no sea yo, aunque imagino que esto
no supondrá problema alguno para un hombre que, a pesar de contar
con apenas un treinta por ciento de los votos, se permite el lujo de
alzar su voz en nombre de todos los catalanes. Y lo hace, a mi
entender, de manera cobarde, porque de cobardes es cargar sobre otros
la responsabilidad de un conflicto creado por uno mismo.
Me explico. En los últimos días se le
ha llenado la boca repitiendo hasta la saciedad que España tiene un
problema con Cataluña. No lo entiendo. No es desde España desde
donde se elevan voces de disgusto, sino desde Cataluña, por lo que
parece lógico deducir que es esta última quien tiene el problema. Y
es aquí donde la cobardía entra en juego señor Mas, porque si
realmente cree en la soberanía nacional de su comunidad, lo que debe
hacer es promover una declaración unilateral de independencia y no
una consulta. Podría poner como ejemplo un matrimonio donde uno de
los cónyuges no se siente a gusto con el otro y, en vez de irse,
decide preguntarle si le deja que se vaya. Resulta cuando menos
absurdo. Y sospechoso - “a ver si lo que quiere este no es la
independencia, sino tomar una posición ventajosa en el núcleo
familiar” - .
Eso por no hablar de la posición del
PSC, reclamando un “nuevo estatus” para Cataluña - “Querida,
prepárame la cena pa las once, que me voy de putas” - , o de su
filial estatal, el PSOE, proponiendo una reforma constitucional que,
digo yo, debería primero ser refrendada por los ciudadanos de la
totalidad del estado español.
Al final, lo único que se consigue con
todo esto es hacer aflorar un sentimiento de recelo ante todo aquello
que huela a catalanismo. De hecho yo, que hasta hace bien poquito
consideraba al Barça mi segundo equipo de fútbol, me sorprendí
jaleando al Atlético de Madrid en la final de la supercopa de
España, (sí,sí... de España). Supongo que no me salía animar a
un equipo que alberga gente que reniega de mi país, pero que aún
así no duda en jugar su liga o su copa (esa que lleva el nombre de
quien es simbólicamente quemado en sus plazas).
Por eso, señor Mas, desde estas
humildes líneas le animo a que sea valiente, a que proclame la
independencia de su “país” y a que no tema a las consecuencias
que de dicha declaración se desprenderían. Porque de eso se trata,
señor Mas. Del miedo que le provoca saber que Cataluña, su
Cataluña, estaría fuera no solo de España, sino de la unión
europea, rodeada de fronteras reales que dificultarían enormemente
el tráfico de mercancías y personas, con el perjuicio económico
que ello conlleva.
Para finalizar, y si me lo permite, le
daré un consejo. Sería conveniente que revisase los protocolos de
actuación de sus mossos d'esquadra. No puedo dejar de pensar en lo
increible que resulta que aún no hayan pillado a los desaprensivos
que quemaron la bandera española y la foto del Rey. Podría
preguntar a la policía nacional, aprovechando que ellos sí que han
cogido a los desalmados que reventaron un acto catalanista en Madrid.
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