domingo, 15 de septiembre de 2013

Carta abierta a Artur Mas


Estimado señor Mas, don Arturo:

Vaya por delante que mis palabras no pretenden representar a nadie que no sea yo, aunque imagino que esto no supondrá problema alguno para un hombre que, a pesar de contar con apenas un treinta por ciento de los votos, se permite el lujo de alzar su voz en nombre de todos los catalanes. Y lo hace, a mi entender, de manera cobarde, porque de cobardes es cargar sobre otros la responsabilidad de un conflicto creado por uno mismo.

Me explico. En los últimos días se le ha llenado la boca repitiendo hasta la saciedad que España tiene un problema con Cataluña. No lo entiendo. No es desde España desde donde se elevan voces de disgusto, sino desde Cataluña, por lo que parece lógico deducir que es esta última quien tiene el problema. Y es aquí donde la cobardía entra en juego señor Mas, porque si realmente cree en la soberanía nacional de su comunidad, lo que debe hacer es promover una declaración unilateral de independencia y no una consulta. Podría poner como ejemplo un matrimonio donde uno de los cónyuges no se siente a gusto con el otro y, en vez de irse, decide preguntarle si le deja que se vaya. Resulta cuando menos absurdo. Y sospechoso - “a ver si lo que quiere este no es la independencia, sino tomar una posición ventajosa en el núcleo familiar” - .

Eso por no hablar de la posición del PSC, reclamando un “nuevo estatus” para Cataluña - “Querida, prepárame la cena pa las once, que me voy de putas” - , o de su filial estatal, el PSOE, proponiendo una reforma constitucional que, digo yo, debería primero ser refrendada por los ciudadanos de la totalidad del estado español.

Al final, lo único que se consigue con todo esto es hacer aflorar un sentimiento de recelo ante todo aquello que huela a catalanismo. De hecho yo, que hasta hace bien poquito consideraba al Barça mi segundo equipo de fútbol, me sorprendí jaleando al Atlético de Madrid en la final de la supercopa de España, (sí,sí... de España). Supongo que no me salía animar a un equipo que alberga gente que reniega de mi país, pero que aún así no duda en jugar su liga o su copa (esa que lleva el nombre de quien es simbólicamente quemado en sus plazas).

Por eso, señor Mas, desde estas humildes líneas le animo a que sea valiente, a que proclame la independencia de su “país” y a que no tema a las consecuencias que de dicha declaración se desprenderían. Porque de eso se trata, señor Mas. Del miedo que le provoca saber que Cataluña, su Cataluña, estaría fuera no solo de España, sino de la unión europea, rodeada de fronteras reales que dificultarían enormemente el tráfico de mercancías y personas, con el perjuicio económico que ello conlleva.

Para finalizar, y si me lo permite, le daré un consejo. Sería conveniente que revisase los protocolos de actuación de sus mossos d'esquadra. No puedo dejar de pensar en lo increible que resulta que aún no hayan pillado a los desaprensivos que quemaron la bandera española y la foto del Rey. Podría preguntar a la policía nacional, aprovechando que ellos sí que han cogido a los desalmados que reventaron un acto catalanista en Madrid.